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Jueves 16 de Septiembre de 2021

Orgullo Libreño

Pablo Bentos, el libreño que recorrió el mundo acompañado de un acordeón
Pablo Bentos, es un artistas y compositor oriundo de Paso de los libres. Hace más de 32 años disfruta de la música, que lo llevó a recorrer parte del mundo. Actualmente se encuentra radicado en la capital correntina, y como solista deleita a su público a través de su fiel instrumento. El acordeonista contó sobre su formación en el ambiente musical, y sus vivencias en los Estados Unidos, Francia y Japón. Además, comentó sobre sus composiciones concretadas y las sensaciones encontradas en cada participación de la Fiesta Nacional del Chamamé.

En diálogo con EL LIBERTADOR, el acordeonista contó sobre su formación en el ambiente musical, y sus vivencias en los Estados Unidos, Francia y Japón. Además, comentó sobre sus composiciones concretadas y las sensaciones encontradas en cada participación de la Fiesta Nacional del Chamamé.

– ¿Naciste con un acordeón entre las manos?

– Lo primero que agarré a los cinco años fue el bandoneón de mi padre porque él tocaba de una forma más casera, entonces me pone en el regazo y tratando de sacarle algún sonidose me cae en el piso de cemento. Y como es un instrumento muy delicado, obviamente el pánico de mi padre fue contundente, pero se asustó que no se haya dañado. Así fue que dijo “no, mira esto es muy grande para vos”.

Luego decide que no era lo que tenía que tocar a esa edad y me regala un acordeón dos hileras. Desde ese momento comencé a tratar de sacarle algún sonido, teniendo como referencia a él que tocaba, y mis hermanos también, Lucky con el bandoneón. Siempre había un instrumento en casa y sonido en vivo y directo.


– ¿Raíces de familia?

– Claro, mis dos hermanos mayores. Soy el más chico de tres varones, y los dos mayores ya tocaban, el del medio la guitarra y el más grande, el bandoneón. Y entreverados entre ellos, fue un poco más fácil y llevadero poder aprender. Sin mencionar que, al lado de mi casa vivía en ese tiempo Ricardo Scófano, entonces nosotros nos cruzábamos, saltábamos el alambrado y estábamos ahí con los instrumentos. Y era de las 10 o 11 de la mañana, todo el día haciendo ruido, digo haciendo ruido porque realmente lo que hacía era eso en esa época.

– ¿La primera vez que conformaste un conjunto?

– Eso fue a los 8 años, me presentó por primera vez frente a un público primero con mi hermano Cesar, que toca la guitarra, me acompañó en radio LT12 Paso de los Libres. Después de ahí al tiempo, mi primera formación fue con Pedro Piriz de la zona de Yapeyú que tocaba la guitarra, y ese dúo se llamaba Panambi.

– ¿Cómo se dio tu trayectoria?

– Nací en Paso de los Libres, hice toda mi escuela, e hice el Conservatorio de Música a distancia porque Beethoven estaba en Buenos Aires. Estudiaba en mi pueblo y cada seis meses rendía para recibirme de profesor Superior de Música. Eso empecé a los 12 años, y paralelamente hacia mi escuela normal, y coincide que cuando termino la secundaria, también termino el profesorado.

Y el primer salto que hice, a veces no lo menciono mucho porque fue muy breve, fue en Buenos Aires y estuve dos meses, pero me volví a Corrientes Capital y me quedé un año. Estando acá tuve la posibilidad de integrar algunos conjuntos, como por ejemplo con Cacho Saucedo, el ex cantante de Ernesto Montiel, tanto mi hermano Lucky y yo tuvimos la suerte de grabar un disco. También integré el grupo de Humberto Falcón, un cantante del Chaco. Esos fueron los grupos más relevantes que estuve acá, en esa época que habrá sido en el 98’ y 99´, después decidí viajar por el mundo.

– ¿Y cómo continuaste?

– En ese tiempo, da la casualidad que en el 2000 me voy del país y en el 2001 coincide con la caída del gobierno en la Argentina porque ya venía mal la cosa. Mi primo Richard Scófano, digo primo porque tenemos un parentesco poquito lejano, pero por parte de su mamá y mi padre somos primos. Entonces me invita a viajar a Estados Unidos porque ya vivía en Miami, y hablando por teléfono cotidianamente me dice “mira Pablo, vení para acá algo vamos a hacer, algo vamos a inventar para tocar”. La cosa en el país estaba muy difícil y como músico mucho más. Me dice que vaya para allá, obviamente no tenía dinero, pero gracias a la colaboración de tantos amigos que apostaron en mí, y cómo mi tía que me pago los estudios de música que eran muy caros en el conservatorio.

Mucha gente me ayudo, fue muy solidaria conmigo, siempre eso trato de recalcar y me dieron la posibilidad de viajar a Miami ese año. Y ahí me encuentro con Richard Scófano, y ahí arranca otra etapa.


– ¿Otra etapa diferente al chamamé?

– Y estando en otros lugares y hábitos, se requiere la necesidad de aprender otros ritmos. Si bien el chamamé es mundial, pero en esa época era solo local. Solamente los embajadores era Rudy y Nini Flores que vivían en Francia, y Raúl Barboza, que eran los más conocido por tocar chamamé afuera.

Pero cuando estaba en la Argentina me gustaba mucho tocar tango con el acordeón, también bossa nova, música de Brasil. Más o menos tenia un repertorio variado, pero me ayudó muchísimo cuando fui a tocar a la calle porque en Miami también se hizo difícil la situación y tuve la necesidad de hacer algo urgente y como primera medida era ir a tocar a la calle a la gorra, y ver si eso me daba el pan para cada día.

– ¿Y en París?

– Todavía no lo conocía a Nini Flores, lo conocía por disco y sus materiales en Corrientes, pero personalmente no. Estando en Miami, antes que se me cumpla el vencimiento de la Visa para no volver a la Argentina, le pido a Richard que le llame y si se pudiera contactar con él que estaba en Francia, y si de alguna manera me podía esperar en el aeropuerto para poder seguir mi vida de música callejero en Paris.

De ahí se contactó, me pasa el teléfono, y da la causalidad que Nini ya le conocía a mi hermano Lucky de Corrientes, y eso fue un poco más fácil y flexible la conversa con él. Y no tuvo ningún problema de esperarme en el aeropuerto, y ahí lo conozco. De ahí también surge la posibilidad de un viaje a Japón que era para él, pero como ya tenía su agenda armada con su hermano Rudy, entonces no tenia problema porque tocaba en la calle.


Así fue que Nini Flores me ofrece ese viaje a Japón, y era por un largo periodo de seis meses, era mucho tiempo y acepte porque tocaba en la calle y tenia un rumbo bastante incierto en el momento. Estuve un mes y medio en Francia, y después de ahí viajo con un tenor francés, que también fue contratado, viajamos los dos juntos a Tokio.

Y como todo el contrato estaba en ingles y japones, obviamente no entendía ninguno de los dos idiomas en esa época. Pero firmé el contrato porque dije es trabajo y tocaba en la calle, y es muy difícil, hay muchos riesgos, muchas cosas pasan y es muy complicado ser un músico callejero. Por eso cada vez que veo un musico callejero, me siento un poco yo y me agarra como una nostalgia porque no es fácil.

Me voy a Japón y me enteró ahí que era para trabajar para Wall Disney porque no estaban esperando en el aeropuerto representantes de la empresa. Y ahí comienza otra historia fantástica porque fue toda una aventura, fue todo paso a paso sin saber de lo que iba a ocurrir.

– ¿Cuánto tiempo te quedaste en Japón?

– Me quedé casi 9 años en Japón porque un contrato fue atrás del otro, y otro. Un tiempo fue mi hermano Lucky para reemplazarme porque estaba un poco cansado también porque venia dos años trabajando sin parar, y el instrumento cansa un poquito, el peso y todos los días tocar.

Y cuando se va mi hermano a reemplazarme por un contrato, y decide volver, estaba en Estados Unidos y viajó nuevamente a Japón para continuar con los contratos que venían. Después de seis años decido apartarme voluntariamente de Wall Disney para formar un proyecto particular, un proyecto de jazz europeo, con guitarristas y músicos japoneses. Continúe haciendo eso y tocando como solista en distintos lugares de Tokio, después de eso decido volver a la Argentina y quedarme un año más o menos, pero acá estoy, me quedé.


Siempre digo que fui y sigo siendo una persona muy afortunada porque más allá de toda circunstancia de tocar en la calle, y de vivir muchas cosas, siempre me dediqué a la música, siempre pude vivir de lo que me gusta y amo. No hice nunca otra cosa que tocar el acordeón, de vivir para esto y por esto. Creo en Dios y me dio la posibilidad de vivir de esto, y como digo siempre, si le puedo sacar una emoción, una felicidad a la persona que me está escuchando, realmente creo es el éxito. Ya alcancé el éxito con eso, de poder hacer feliz a alguien con la música.

– ¿Cuándo fue tu primera composición?

– Mi primera composición, me acuerdo que nunca más la toque, fue cuando vivía en Paso de los Libres y surge la posibilidad de ir a tocar a Mocoretá. Entonces en el camino hago una música en el vehículo. Inclusive hay un video donde toco, creo que era en el Festival de la Naranja, que también se hacía en esa ciudad. Y que la titule “De Libres a Mocoretá”.

Después la música que se hizo más conocida y popular, que he compuesto, la hice en Tokio en esos tantos días de nostalgias y recuerdos, y de extrañar un poco los pagos y los padres. A mi padre Juan Bentos le decido componerle y se titula “Domador de Cobras”, que es un sobrenombre de apodo de amigos que le decían en Paso de los Libres.

Y quizás fue la primera composición que se conoce y que haya hecho. Después surgieron otras a lo largo de los años, hace 32 años estoy con la música, y con colaboración con otros grandes músicos como Richard Scófano, José Álvarez. Hay algunas, pero no tantas. Como siempre digo, no tengo tantas composiciones, hice pocas y fueron bien aceptadas por el público, y por lo que me conocen.

– En 32 años, ¿cuántos acordeones tuviste?

– Sabes que solamente tuve tres y muchos piensan que tantos años de música habrá tenido 15 acordeones. Obviamente que es un instrumento muy caro de poder comprar.


Mi primer acordeón fue de dos hileras. Mi segundo que lo tuve a los 14 años fue una de tres hileras y con ese viajo por el mundo, hasta Japón llego tocando en la calle, que era de color rojo. Y después estando en ahí, empecé ahorrar un poco de dinero, donde recién ahí tuve la posibilidad de poder comprar un acordeón más, que lo tengo hasta hoy en día. Y ya de cuatro hileras, y con otros recursos para poder facilitar un poco más la técnica.

– ¿Tuviste presentaciones en la Fiesta Nacional del Chamamé?

– Para ser concreto, mi primera presentación en la Fiesta Nacional del Chamamé fue en 1994, en la noche de Isaco Abitbol porque en esa época se hacían tres noches. Una noche se les dedicaba a los grandes de nuestra música, otra noche de Ernesto Montiel, y así sucesivamente.

Hay una foto cuando veníamos de Paso de los Libres y paramos en el Gauchito Gil, con mi amiguito Pedro Piriz. Esa foto fue rumbo a Corrientes Capital para tocar en la Fiesta Nacional del Chamamé. En esa vez, subo por primera vez al escenario y estaba el antiguo que era la cúpula, que después vino un tornado y se llevó todo.


Creo que ya no subí más hasta mi regreso a la Argentina, con Los de Imaguaré, como acordeonista, y grabé ese disco que se llama “Vengo a decir”. Estuve cuatro años, y durante ese periodo subo al escenario.

Después seguí subiendo dentro de los próximos años con una agrupación que la fundamos con el amigo Rafael Flores, que se llamaba Alborada, que duró por seis años, que fue mi última agrupación. Y hoy día sigo como acordeonista solista, desde hace tres años.

– ¿Qué sensaciones tuviste arriba del escenario?

– Si tendría la posibilidad de subirle a cualquier persona del publico arriba del escenario para que vea y sienta, lo haría. Realmente es único lo que se siente en el escenario Osvaldo Sosa Cordero, la emoción.

Y después de estar tanto tiempo afuera del país, volver y subir nuevamente me pone la piel de gallina. Es algo que no tiene comparación, después he estado en el Festival Nacional del Chamamé en Entre Ríos, que es un festival grandísimo y hermosísimo, pero lo que se siente estando acá en Corrientes, en la tierra de uno es maravilloso. No tiene nombre, no se puede expresar con palabras.


– ¿Cómo viste el cambio de la Fiesta Nacional del Chamamé?

– Increíble, no voy a olvidar nunca esos primeros años, que el primer año que estuve había un público de tres o cuatro filas, y nada más. Y hoy no se puede entrar en el anfiteatro Cocomarola de tanta gente que hay. Es increíble como creció, gracias a los difusores, los músicos y gestores, que todo esto haya tomado tal dimensión, mucha gente colaboró para esto.

Lo que creció es realmente increíble, volver y ver tanta gente. Y hoy día que tenemos el internet, hay gente que se sienta en el patio de su casa en Bélgica y está mirando la Fiesta Nacional del Chamamé en vivo.

– ¿Todavía te quedó alguna cuenta pendiente?

– Si me quedo una cuenta pendiente, sé que no hay vuelta atrás y que no lo vamos a recuperar, que es poder grabar un disco con mi hermano Lucky. Es la única cuenta pendiente que me quedó, de poder hacer un disco completo. Si bien hemos grabados juntos, pero una música o dos músicas y no un disco completo los dos. Y eso es quizás alguna de las materias pendientes que me ha quedado.

La vida continua y seguramente vamos a seguir recorriendo el mundo mostrando lo que es el chamamé, si bien a mí me gusta mucho el jazz, soy un apasionado de un montón de música del mundo, pero el objetivo es seguir mostrando la riqueza que tiene nuestro chamamé y volcar todo el conocimiento que tenemos.

– ¿Qué recomendaciones le das a aquellos que recién inician?

– Constancia, Paciencia, y Estudio. Hay que estudiar, creo que la única clave para el éxito es eso. Es la constancia, la paciencia y mucho estudio. Tenemos que prepararnos y bien para poder llevar nuestra música a otras partes del mundo, para poder transmitir. Para eso también, se necesita mucho estudio. Todo llega en algún momento, pero hay que tener mucha constancia, y este camino de la música es muy difícil, pero ahí está la clave, de continuar y creer en lo que uno hace.

F: EL LIBERTADOR


Domingo, 05 de septiembre de 2021
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